Que mágica la vida y sus vueltas ….
Estuve en silencio.
Para algunos, tal vez fue demasiado. Para otros, quizás ni se notó. O capaz fue solo un instante… pero para mí, fue un mundo entero.
Un mundo donde todo se vuelve más lento. Donde las certezas pierden fuerza y las preguntas ganan espacio.
A lo largo de mi vida, libré muchas batallas internas. De esas que no se ven, pero se sienten. De esas que no se cuentan en voz alta, pero marcan la piel, la mirada, el andar. Y siempre, de alguna manera, logré volver a mí. Encontré el hilo, el camino, la voz.
Pero hay momentos —esos momentos sutiles, casi imperceptibles— en los que algo adentro se detiene. Y cuando eso pasa, cuando lo que hago ya no me emociona, cuando las cosas que solían encenderme ahora apenas titilan… sé que es hora de mirar hacia adentro.
Mi arquetipo 9 me llama. Me pulsa. Me habla bajito, pero claro.
Con el tiempo aprendí que resistirme a esa voz solo me lleva al desgaste. A alejarme de lo que soy. A perderme en un hacer vacío, sin sentido.
Hace un tiempo empecé a sentirme en blanco. Como en esas habitaciones que a veces aparecen en los sueños: todo blanco. Una cama, un vaso de agua, una jarra… y un cuaderno con lápiz. Nada más.
Un espacio donde todo lo externo se apaga y lo único que queda… soy yo.
Cada vez que intento hacer algo —esas actividades que antes me ilusionaban— y no encuentro la chispa, la habitación blanca aparece. Como un refugio. Como un recordatorio.
Y cuando esa habitación empieza a visitarte todos los días —o cuando vos viajás a ella sin darte cuenta— es una señal. Una alarma silenciosa. Un basta que no grita, pero resuena fuerte adentro.
Yo me sentí así muchas veces. Y me conozco lo suficiente como para saber cuándo necesito frenar. Cuando necesito hacer silencio, aunque afuera todo siga girando.
Hoy sé que no se trata de perder el rumbo. Se trata de regresar.
De volver al corazón de lo que somos.
Por eso, hoy te quiero dejar una pregunta que quizás te sirva tanto como a mí:
¿Cuántas veces te diste realmente la posibilidad de frenar ahí, justo en ese instante?
De pausar.
De respirar.
De escucharte.
De no forzarte a seguir, solo porque “hay que seguir”.
Quizás en ese silencio, encuentres tu verdadero regreso.
Hay silencios que no son ausencia, son regreso.🫀
A veces, frenar da miedo. Porque el ruido del afuera nos enseñó que parar es fallar, que el silencio es vacío, que la pausa es pérdida.
Pero en realidad, el silencio es semilla.
La pausa es raíz.
El blanco no es un final: es un comienzo.
En esa habitación blanca no hay juicios. No hay exigencias. No hay metas que cumplir. Solo estás vos, con tus preguntas verdaderas, esas que a veces evitamos responder.
Y en esa aparente nada, empieza a dibujarse otra vez el mapa.
Un mapa que no se crea a fuerza de voluntad, sino de verdad interna.
De sentir sin apuro. De reconocerte en cada suspiro, en cada pequeño gesto.
No se trata de encontrar respuestas inmediatas. Se trata de permitirte el tiempo para que las respuestas lleguen.
Se trata de confiar en tu propio ritmo. De respetarlo, aunque el mundo insista en empujarte.
Porque a veces, lo más valiente no es seguir corriendo.
A veces, lo más valiente… es saber detenerte.
Hoy no tengo grandes certezas, pero sí una profunda convicción:
cuando me escucho, me encuentro.
Y cuando me encuentro, algo en mí vuelve a encenderse.
No sé en qué parte del camino estás vos, pero si alguna vez te sentís en blanco, si todo te pesa o nada te conmueve… no te apures a salir de ahí.
A veces, el alma solo necesita que la esperen.
Y cuando lo hagas, vas a ver: no era oscuridad, era semilla.
No era vacío, era espacio.
No era el fin, era el inicio de tu nuevo brillo.
Y si te animás a quedarte un ratito más en ese silencio…
vas a descubrir que ahí, justo ahí, empieza tu verdadera voz.
Eli ❤️🔥


